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El desarrollo, la reactivación, institucionalización e implementación de planes de desarrollo permitirá avanzar de forma coordinada y estratégica en la construcción y mejora de las condiciones de infraestructura en el mediano y largo plazo.

La competitividad de un país está directamente relacionada a la provisión y calidad de su infraestructura. Para que un país pueda desarrollar sus ventajas competitivas es imperativo contar con un desarrollo integrado de la red multimodal de infraestructura que abarca desde una red vial conectada y en óptimas condiciones, hasta un amplio y moderno sistema de telecomunicaciones, cobertura y diversificación de su sistema energético, infraestructura portuaria eficiente, así como el abastecimiento de agua potable y saneamiento para su población y procesos de producción.

Los países que han logrado grandes avances en su crecimiento económico lo deben, en gran medida, a la implementación de políticas que fomentan, promueven y facilitan la inversión en generación y mejoramiento de infraestructura. Según el B20[1], en la actualidad el mundo invierte $2.5 billones anuales en infraestructura productiva y alrededor de $7 billones en infraestructura social. Aun así, la inversión en Guatemala es una de las más bajas de la región, con apenas el 12.31% del Producto Interno Bruto para el 2017[2].

Uno de los retos más grandes identificados en la Política Nacional de Competitividad es la conectividad mediante redes de infraestructura a nivel local, regional y nacional para la distribución y comercialización de bienes y servicios. De acuerdo con el Índice Global de Competitividad uno de los 5 factores que más dificulta el hacer negocios está relacionado con el suministro de infraestructura.

Por su ubicación estratégica, Guatemala presenta un potencial en el área de transporte y logística, el cual se ve desaprovechado por la poca inversión en infraestructura y nos obliga a pensar en una ruta que permita reducir las brechas de conectividad, accesibilidad, desempeño logístico, telecomunicaciones, generación y distribución de energía, entre otros.

Como punto de partida de dicha ruta y para lograr un incremento en el desarrollo de infraestructura, es indispensable realizar un análisis del marco jurídico y regulatorio que ralentiza y obstaculiza la inversión en los diferentes sectores de infraestructura. Modernizar los marcos regulatorios, que permitan brindar certeza jurídica y optimización en los procesos administrativos, garantizando la transparencia en la ejecución de proyectos de infraestructura, es una tarea que debe iniciarse cuanto antes.

El desarrollo, la reactivación, institucionalización e implementación de planes como el Plan Nacional de Logística, el Plan Nacional de Infraestructura, el Plan Nacional de Energía 2017-2032, El Plan de Desarrollo Vial 2018-2032, permitirá avanzar de forma coordinada y estratégica en la construcción y mejora de las condiciones de infraestructura en el mediano y largo plazo.

Tomando en consideración la limitante financiera del presupuesto nacional, otro aspecto que debe considerarse en la ruta para intervenir la infraestructura es la participación y coordinación con el sector privado en la creación y mejoramiento de la infraestructura, por lo que el modelo de Alianzas Público Privadas, regulado bajo la Ley de Alianzas para el Desarrollo de Infraestructura Económica (Decreto 16-2010), debe ser revisado y fortalecido para lograr una gestión eficaz de los proyectos que pueden desarrollarse bajo este modelo.

El fortalecimiento y la modernización de las instituciones involucradas en los temas de infraestructura, tanto a nivel central, como local, permitirá identificar y definir competencias, articular esfuerzos y multiplicar recursos para viabilizar los distintos planes, programas y proyectos.

Por último, y no por ello menos importante, la participación ciudadana, sobre todo a nivel territorial, es vital para garantizar la inversión en infraestructura, el buen uso de los recursos y la transparencia en los procesos de construcción y generación de infraestructura productiva y social.

Varios han sido los esfuerzos realizados en materia de infraestructura, pocos los resultados alcanzados. Lo que trae a mi mente, la célebre frase de Albert Einsten que reza “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Es momento de cambiar el paradigma, de darle vuelta a la manera en que se viene haciendo infraestructura, de apropiarnos y tomar ventaja de las condiciones de la nueva era, de esta revolución 4.0, de la globalización que nos permite aprender de experiencias de otros países y no cometer los mismos errores. Es momento, de empezar a construir la infraestructura que nos permita crecer, desarrollarnos y posicionarnos como un país productivo y competitivo dentro de la región, que sabe aprovechar las bondades y potencialidades de su ubicación, de sus condiciones y de su territorio.

[1] B20. Foro formado por empresas privadas globales.

[2] Banco Mundial. Formación Bruta de Capital Fijo.

Artículo publicado en el Boletín Economía de la Construcción edición 49, una publicación de Cámara Guatemalteca de la Construcción.

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